El prólogo de “Gamonal, la historia desde abajo”

Marcos Erro García y José Medina Mateos han escrito un libro buenísimo sobre el barrio de Gamonal titulado Gamonal, la historia desde abajo en el que he tenido la oportunidad de participar con esta breve presentación. Mi texto no está ni de lejos a la altura del ensayo que prologa, pero he pensado que a lo mejor reproducirlo aquí ayuda a difundir un libro que realmente merece la pena.

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Presentación de “En bruto. Una defensa del materialismo histórico”

El próximo jueves 22 de septiembre, a las 19:00 h, presentaré en Madrid En bruto. Una reivindicación del materialismo histórico. Será en la librería Cervantes y Compañía, que esta en la C/ del Pez, 27 (en Malasaña, Metro Noviciado). Me acompañarán Jorge Sola y el director de la colección, Manuel Cruz.

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La portada de “En bruto. Una defensa del materialismo histórico”

En septiembre publico un libro en la colección de ensayos de filosofía que dirige Manuel Cruz en Los Libros de la Catarata. Se titulará En bruto. Una reivindicación del materialismo histórico y ya tiene portada (de Joaquín Gallego).

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En torno a la crianza cooperativa

1. Los seres humanos somos una especie de crianza cooperativa. Esto no es una opinión política o una opción cultural sino un hecho biológico. De hecho, se trata de un rasgo muy característico de nuestra especie. La crianza cooperativa es poco habitual en los mamíferos y entre la mayor parte de los primates no humanos las madres se encargan en exclusiva de cuidar de las crías. La crianza cooperativa significa que miembros del grupo que no son sus padres genéticos colaboran en el cuidado de las crías. Se suele llamar alomadres y alopadres a estos cooperadores. Muy posiblemente la crianza cooperativa entre los humanos esté relacionada con características evolutivas básicas, como la larguísima duración de nuestra infancia.

2. La crianza cooperativa ha tenido numerosas expresiones históricas y culturales: desde los distintos tipos de familias extensas hasta modelos familiares en los que los padres biológicos pierden su centralidad y otros miembros de la colectividad actúan como alopadres. Si la crianza cooperativa es un hecho biológico, la diversidad familiar es un hecho histórico. A día de hoy se suelen distinguir al menos siete grandes sistemas familiares en el mundo, cada uno de ellos con subsistemas, que se están transformando e hibridando dando lugar a nuevas formas de cooperación familiar. De hecho, la familia nuclear típica de nuestras sociedades es una creación histórica reciente y no necesariamente óptima o definitiva, al menos a juzgar por la cantidad de conflictos y malestares que genera. Científicos sociales poco sospechosos de perroflautismo han señalado que entre el amplio catálogo de formas de crianza arcaicas hay algunas que parecen amigables y razonables. Pensar que es imposible aprender nada de esas experiencias porque pertenecen al pasado, es como decir que no se puede correr una maratón porque eso significaría volver al esclavismo y a la religión olímpica.

3. La crianza cooperativa no es una opción. Tampoco en nuestra sociedad. Las guarderías y los colegios, los cuidados compartidos entre los cónyuges, la participación de las abuelas (más de la mitad de los abuelos españoles cuida de sus nietos a diario), el cuidado entre hermanos… Todo ello es crianza cooperativa. Lo característico de las sociedades postmodernas es que fingimos que esa dimensión cooperativa de la crianza no existe y le ponemos toda clase de obstáculos. Hacemos como si criar un hijo fuera un asunto privado que negocian y solventan dos adultos en el interior de su hogar que, además, deben respetar la centralidad del trabajo asalariado en sus vidas. Cualquier colaboración externa es concebida como un complemento bienvenido pero que no forma parte del núcleo de los dispositivos de crianza. El resultado ha sido catastrófico. La familia nuclear moderna es una red colaborativa demasiado exigua para algo tan complejo y agotador como cuidar de una cría humana (no digamos ya de dos, tres o cuatro). De hecho, en ciencias sociales se habla habitualmente de “crisis de los cuidados” para designar los problemas estructurales que afrontan las personas dependientes y sus cuidadores en nuestras sociedades y cómo estos conflictos están atravesados por la desigualdad económica y de género.

4. Las soluciones a los problemas de las sociedades complejas suelen ser complejos. Y lo mismo ocurre con la crianza cooperativa. Solucionar o paliar la crisis de los cuidados de un modo aceptable en sociedades ilustradas y deseosas de preservar altos estándares de libertad individual no es en absoluto sencillo. Algo así requiere cambios en la relación entre el trabajo reproductivo y el trabajo asalariado, la concepción de los servicios públicos de ayuda a la crianza, las extensión de las redes informales de apoyo mutuo, la normalización de la presencia de los niños en el espacio público y, por supuesto, un radical igualitarismo de género. Algunas personas, como Anna Gabriel, quieren ir más allá y se cuestionan el modelo de familia nuclear convencional. No es mi opción –soy muy conservador y me aterra la contracultura– pero me parece respetable y, desde luego, infinitamente más digna que el adultocentrismo ambiente que celebra las imposiciones del mercado de trabajo como si fueran elecciones de espíritus libres emancipados de todo sometimiento.

El precariado, otra vez

Cuenta Jon Elster que la teoría de la elección social –el estudio formal de los procedimiento de votación– ha llegado a ser tan complicada matemáticamente y tan irrelevante para el estudio de la política real que Econométrica, una de las revistas más importantes de economía, suspendió la publicación de artículos relacionados con este campo. El oscurantismo aritmomorfo no está limitado a esos casos extremos; es la norma de la economía ortodoxa y tiene efectos psicotrópicos que incapacitan para distinguir la realidad del delirio.

Hace unos años un miembro del colectivo artístico The Yes Men se hizo pasar por un delegado de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en un congreso de empresarios escandinavos. En su intervención presentó un traje high tech para ejecutivos: un maillot de lycra dorada equipado con un gadget en forma de pene erecto gigante con un monitor en la punta. Los asistentes se rieron, pero no tanto. Estaban habituados a las extravagancias de los economistas, respaldadas por teorías frondosas pero sin apenas relación con el mundo real. Un disfraz de pirado parece el atuendo idóneo para defender que el abaratamiento del despido reduce el desempleo.

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Ivan Illich sobre la “sociedad del conocimiento” en 1973

“Colocado en contacto con miles de sistemas, colocado en sus terminales, el hombre de las ciudades sabe servirse del teléfono y de la televisión, pero no sabe cómo funcionan. La adquisición espontánea del saber está confinada a los mecanismos de ajuste a un confort masificado. El hombre de las ciudades cada vez tiene menos posibilidad de hacer las cosas a su antojo. Hacer la corte, la comida y el amor se convierten en materia docente. Desviado por y hacia la educación, el equilibrio del saber se degrada. La gente aprende lo que se le ha enseñado, pero ya no sabe por sí misma. Siente la necesidad de ser educada. El saber es pues un bien, y como todo bien puesto en el mercado, está sujeto a la escasez. Ocultar la naturaleza de esta escasez, es la función bastante costosa de una educación multiforme. La educación es la preparación programada para la ‘vida activa’, a través de la ingurgitación (engullir, tragar) de instrucciones masivas y estandarizadas, producidas por la escuela. Sigue leyendo

ctrl+alt+supr: la jubilación de las ciencias sociales

220px-Skinner_teaching_machine_01La urgencia de la libertad, de Erri de  Luca, es un bonito comentario del capítulo 25 del Levítico, donde se habla del jubileo hebreo. El jubileo era una especie de reseteo social. Cada cincuenta años se liberaba a los esclavos, se devolvían las propiedades adquiridas, se dejaba a los animales en libertad  y se renunciaba a la agricultura, viviendo de la recolección. Seguramente distintas formas de jubileo eran comunes en Mesopotamia  y algunas sociedades mediterráneas e implicaban, por ejemplo, una condonación general de las deudas.

Erri de Luca interpreta el jubileo como una forma de liberación que “nos enseña que no hay propietarios de nada. Que el régimen legal  que hace decir ‘esto es mío’ constituye un abuso de confianza (…) Era una legislación para un habitante del mundo que sabía ser un inquilino, un invitado y no un cacique.” Sigue leyendo