Podemos derribar los muros de palacio

Hay un texto muy bonito de Pasolini que se titula “Fuera de palacio”. Empieza con Pasolini en la playa de Ostia leyendo un periódico y observando a los bañistas que abarrotan el lugar. Pasolini cree que el consumismo ha transformado a las clases populares, a las que él se siente leal, hasta convertirlas en una imitación grotesca de la burguesía. Y propone una idea tomada de un escritor del Renacimiento para explicarlo: la oposición entre el Palacio y la Plaza.

El Palacio es una trama oligárquica de élites políticas subordinadas al poder económico, que viven rodeadas de secreto y corrupción. La casta.

La Plaza somos la gente expulsada de la política institucional. Expulsada a través de nuestra propia degradación social. Expulsada de nuestra vida en común. La Plaza no logra entender lo que ocurre en Palacio porque el poder ha construido un gigantesco muro que mantiene sus manejos en secreto. Esa política que los ciudadanos no ven es un autoritarismo encubierto capaz de convivir con los mecanismos democráticos formales.

No voy a negar que estoy ligeramente desconcertado por el repentino entusiasmo electoral que me rodea. Personas que hace apenas unos meses sentían repugnancia física ante la perspectiva de tocar una papeleta en la que apareciera la cara de Pablo Iglesias han convertido a Manuela Carmena en un icono pop. Se me hace raro porque yo, que siempre he sido abstencionista, más bien necesito explicarme a mí mismo por qué voy a votar a una lista encabezada por un miembro de la judicatura, un colectivo profesional acerca de cuyos méritos morales y lealtades sociales tengo mis reservas.

La respuesta que me doy es que estas elecciones no son ni el principio ni el final de nada, sino una etapa de un cambio profundo que está transformando lo que consideramos normal, inaceptable y deseable de nuestra vida en común. Un proceso que empezó no hace mucho, pero que tal vez pueda llevarnos muy lejos.

En 2011 salimos a las plazas. En 2015 les vamos a echar de palacio.

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Un pensamiento en “Podemos derribar los muros de palacio

  1. Suscribo lo del abstencionista que ha ido a votar una lista gestionada por una élite cultural y social izquierdista. Sin dejar de repetirme porqué parecen ser la única posibilidad de canalizar la necesidad de cambio político. Porqué los sindicatos combativos están en un callejón sin salida, sin avanzar, sin retroceder, porqué las asociaciones sectoriales (por llamarlo de alguna manera) como las PAH, los ecologistas, las feministas también lo están. Porqué parece que hemos llegado al fin de la historia y las ideologias, y sin embargo no puede ser. Porqué si lo antiguo no es válido, no surge algo nuevo que lo sea.

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