En defensa de la representación (o por qué he votado la propuesta Claro que Podemos)

El sábado pasado, en la Asamblea de Podemos de Vistalegre, Pablo Iglesias terminó su discurso inaugural gritando: “¡Luchar, crear, poder popular!” Me emocionó, la verdad. Me vinieron a la cabeza un par de décadas de manifestaciones en las que se corearon esas mismas palabras. Entonces miré una de las pantallas gigantes situadas a ambos lados del escenario que mostraban tweets sobre lo que pasaba en la Asamblea. Alguien había escrito “Pablo Iglesias dice: luchar, creer, poder popular”. A lo mejor fue un error mecanográfico, pero puede que lo escribiera alguien que nunca había escuchado aquel lema. Y eso me emocionó más todavía. Porque, para qué nos vamos a engañar, todas aquellas manifestaciones concluyeron con sonoras derrotas.

El otro día, por casualidad, asistí en Murcia a una reunión del círculo local de Podemos que se celebraba en una plaza. Casi al terminar una mujer de mediana edad tomó la palabra. Dijo que nunca había participado en política hasta que apareció Podemos. Que estaba siendo una experiencia muy importante para ella, pero que a veces sentía que los activistas con más experiencia se comportaban como si sus opiniones tuvieran más valor que las de los demás. No sé si tiene razón, imagino que dependerá del caso. Pero me hizo pensar en lo poco legitimados que estamos para dar lecciones a nadie tras treinta años largos de fracasos. Me hizo recordar, en definitiva, lo inermes que estamos ante una posibilidad fascinante y aterradora: ganar.

Hace unos meses presencié en Bogotá un debate entre un amigo ecosocialista argentino y un miembro del MAS boliviano. El primero criticó las políticas extractivistas del gobierno de Evo Morales sobre la base de un modelo teórico que comparto plenamente. Fue claro, riguroso y compasivo. El boliviano, en cambio, me pareció un leninista tosco, condescendiente y bastante antipático. Pero la verdad es que mi amigo y yo fuimos incapaces de responder a una pregunta sencilla y nada dogmática que nos planteó: ¿Qué estrategias económicas alternativas debería haber adoptado el gobierno boliviano en lugar del extractivismo que ha servido para financiar hospitales y programas contra la malnutrición? De hecho, podía haber añadido: ¿El hambre de cuántos niños vale el ecosocialismo?

A los izquierdistas se nos ha metido la derrota en los huesos. Nuestra sofisticación teórica es, en realidad, un trastorno político autoinmune.

No quiero volver a hablar del panóptico o el biopoder, sino saber cómo nos las vamos a apañar para democratizar la policía, las prisiones y el ejército. No me importa la polémica entre decrecimiento y keynesianismo; en cambio, necesito entender qué sectores económicos vamos a impulsar o eliminar y si eso es compatible con los ingresos fiscales que hacen falta para ampliar la sanidad, la educación o la ayuda a los dependientes. Quiero saber cómo vamos a convertir el acceso a la vivienda en un derecho universal sin perjudicar a millones de familias entrampadas en hipotecas. Cómo vamos a impulsar el cooperativismo y la participación de los trabajadores en la gestión en las empresas sin crear dinámicas clientelares. Cómo vamos a subvertir los modelos de movilidad en ciudades completamente ordenadas en torno al transporte privado. Y cómo vamos a conseguir que la gente supere el miedo y la aversión a la pérdida y apoye todos esos cambios.

Acudí a Vistalegre sin tener muy claro qué proyecto organizativo prefería para Podemos. Me parecía que el equipo de Pablo Iglesias se había pasado de frenada en cuanto a racionalidad burocrática. Por otro lado, la propuesta del grupo de Pablo Echenique y Teresa Rodríguez de una triple secretaría general no me gustaba nada: según mi experiencia, cuantos más jefes peor. En cambio, soy un firme partidario de emplear el sorteo como forma de participación ciudadana en la gestión de las instituciones públicas, del mismo modo que usamos ese procedimiento para elegir jurados en los tribunales. Tengo menos claro que sea una buena idea comenzar ese experimento precisamente con un partido incipiente, con una agenda política vertiginosa y cuya ventana de oportunidad puede ser de apenas unos meses. Preferiría empezar por Hacienda o el Ministerio de Cultura, la verdad.

Finalmente he votado con muchas dudas la propuesta de Pablo Iglesias. En parte porque asume que el viaje hasta Vistalegre no ha sido una marcha triunfal de movimientos sociales y organizaciones antagonistas, sino una inesperada reunión de perdedores que hemos asomado la cabeza desde un páramo social sin tradiciones organizativas, comunidades de referencia o un idioma ideológico común y que aún no nos acabamos de creer que podemos ganar. En parte porque en el último año he descubierto con absoluta perplejidad que hay personas como Pablo Iglesias, Carolina Bescansa, Ada Colau o David Fernández que sí me representan.

La deliberación democrática en común es un proceso misterioso que apenas alcanzamos a entender. A veces surge de grandes consensos muy resistentes al cambio, otras de ideas geniales e iluminadoras, de una acumulación de microdecisiones individuales, del impulso de una minoría, de la certeza moral o del desafío a las convenciones. Por lo general suele ser una combinación de un poco de todo eso. Lo importante es que funciona y es la base de increíbles progresos morales.

Sin embargo, durante muchos años en nuestro país hemos aceptado vivir en una minoría de edad política, tutelados por las élites económicas y sus expertos que expropiaron los mecanismos de deliberación popular. En mayo de 2011 rompimos ese silencio de décadas y salimos a las plazas para reivindicar la participación democrática activa como un derecho inalienable. Ahora tenemos que dar un paso más y atrevernos a pensar en la manera de devolver también la representación a nuestra caja de herramientas políticas.

No sólo porque la movilización permanente es imposible y finalmente elitista, como recordaba Santiago Alba Rico. Sino porque la representación tiene potencialidades políticas únicas y valiosas. Por ejemplo, permite la evaluación de trayectorias de actuaciones como una unidad consistente. La asamblea es soberana, los representantes no deberían serlo. Tienen que justificar públicamente sus decisiones a lo largo del tiempo como un proyecto coherente. De ese modo, permiten a los electores que los evaluan descubrir aspectos de sus propias convicciones políticas que ellos mismos desconocían.

Eso es precisamente lo que ha hecho el grupo promotor de Podemos en estos diez meses. Nos ha colocado en posición de ganar haciendo exactamente lo contrario de lo que los izquierdistas recomendábamos. No se me ha ocurrido ninguna razón de peso para pensar que  la cosa es diferente por lo que toca a la elección del modelo organizativo que necesitamos en este momento. Y aunque no me atrevería a recomendar a nadie que vote por  Claro que Podemos, creo que he aprendido algo al tomar la decisión de hacerlo yo.

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18 pensamientos en “En defensa de la representación (o por qué he votado la propuesta Claro que Podemos)

  1. Pingback: Cultura y política (válgame la redundancia) | Miedo a un planeta hipster

  2. Al prometer un partido horizontal y asambleario y crear un partido jerarquizado y presidencialista, defendiendo la eficacia, con los mismos argumentos que usaba el PP hace poco, cuando criticaba el asamblearismo de PDMS, han incumplido por primera vez, han sido incoherentes por primera vez y han manipulado, de manera grave, por primera vez. ¿y todo a cambio de que? de un ilusión, de la ilusión por ganar, pero moverse por ilusiones es dejar el poder en manos de ilusionistas, como durante los últimos 30 años.

  3. No logro entender cómo puede ser que esté de acuerdo en lo que expones, y básicamente, lo entienda, y no tenga ni idea de dónde has sacado las conclusiones a las que llegas. Me parece que antes de afirmar, porque lo dice Alba Rico, que la movilización permanente es “imposible y elitista”, estaría bien ver que de momento en “podemos” no ha habido nada permanente, y mucho menos movilización. En movilización permanente llevan muchas personas desde mayo de 2011, en yosisanidaduniversal, en la pah, en asambleas de barrio y etc., y es un poco soberbio y falso decir que eso es elitista o imposible. Que se lo digan a esas personas, que con todo su esfuerzo están “permanentemente movilizadas”. Y por otro lado, esto ” Sino porque la representación tiene potencialidades políticas únicas y valiosas. Por ejemplo, permite la evaluación de trayectorias de actuaciones como una unidad consistente”, qué quiere decir?! Pero, bueno, ahora la representación tiene potencialidades únicas y valiosas, cuáles? Vaya, después de veinte siglos, gracias por venir con la novedad. O sea, que la cosa se debe quedar en “evaluar trayectorias de actuaciones” de un tipo, imagino, mediante el voto, o en plan simpático, discutiéndolo en la asamblea, pero sólo eso, eh. Esa es la valiosa potencialidad? Ni siquiera tomar decisiones, sólo evaluar. Vaya manera de embellecer lo mismo de siempre. Pues muchas personas tal vez, creímos que esta era una oportunidad de que pudiéramos continuar tomándonos la política en serio, cada persona en la medida de sus fuerzas, y ahora vienen de nuevo los intelectuales a decirnos que las personas que trabajamos no tenemos tiempo para eso, y que si lo tenemos (porque lo sacamos con mucho esfuerzo), igual es que somos elitistas. No nos quieras hacer comulgar con ruedas de molino, por favor. Espero que la cosa no siga este curso.

    • Entiendo tu enfado si en lo que he escrito se entendía una crítica a las personas que dedican su tiempo y su esfuerzo a todos esos movimientos que mencionas. Lo único que pretendía señalar es que la representación también es una herramienta democrática con sus defectos y virtudes. Del mismo modo que no acepto que la participación se limite a meter una papeleta en una urna cada cuatro años, no reconozco la versión corrupta de la representación que nos ofrecen.

  4. … y además de Hacienda y Mº de Cultura y desahucios y hambre y boicots y sabotajes -que los hay y los habrá, feroces- y todo lo demás, cómo vamos a gestionarnos nosotrxs, la gente, nuestros egos tan colonizados, cómo participar en la construcción -y autoconstrucción- de ese “nosotros” fundamental para que el cambio lo sea?

  5. Qué pesadez con ganar, yo que pensaba que lo importante era cambiar la sociedad y no llegar al poder para, desde ahí, no poder hacer nada como siempre. Parece que no habéis aprendido nada tras 30 años de fracasos, como dices. La misma estrategia de toda la vida, colarse en las instituciones burguesas para demostrar que podemos ser como ellos, que podemos seguir avergonzándonos de lo que somos. La misma estrategia que ha fracasado décadas. No cambia nada.

    ¿Democratizar la policía, las prisiones y el ejército? Jaja, ¡democraticemos la represión! Ésta no es mala, sólo hay que darle un poco de brillo y seguir ejerciéndola… ¡Democraticemos el capitalismo! ¡Democraticemos incluso el fascismo si es necesario!

    De risa.

  6. Me había jurado a mí mismo intentar no escribir nada sobre Podemos en un tiempo prudencial, pero al final nova a ser posible. Lo primero que quiero aclarar es que colaboro con Podemos, concretamente con el Círculo de I+D+i http://podemos-id.herokuapp.com/ por lo que este proceso no me es ajeno del todo.

    Ah, también fue de los que se quedó de piedra con los resultados en las elecciones europeas, mi infalible olfato político me decía que no iban a sacar ni un eurodiputado. En fin.

    César Rendueles dijo una vez una frase que se me quedó grabada: “Los materialistas, en cambio, somos unos pelmazos aguafiestas. No nos convence la idea de que los problemas se desvanecen reformulándolos en términos más interesantes, emocionantes o novedosos. Así que no somos una compañía muy grata para los de la economía del conocimiento, la psicología positiva, las clases creativas, el empoderamiento o la multitud en devenir”.

    Los izquierdistas (o activistas, o como se nos quiera caracterizar) también somos unos pesados aguafiestas. En mi caso concreto, creo que veo muchas más cosas positivas en Podemos que negativas. Pienso que es un proceso al que hay que sumarse, aunque sea de una manera crítica o incluso muy crítica, ya que tiene algunas carencias para mí muy importantes.

    Efectivamente, el grupo promotor de Podemos hace exactamente lo contrario de lo que los izquierdistas recomendamos. Pero creo que es hora de empezar a valorar que implica en la práctica su apuesta. Por dejarlo muy claro, no hay más que mirar los votos de las resoluciones aprobadas. http://asambleaciudadana.podemos.info/resoluciones

    Me quedo con los datos de dos resoluciones en concreto:
    7. Renta básica (6585 votos, 17.20%)
    8. Derogación de las reformas laborales implantadas desde el estallido
    de la crisis: 2010, 2012 y RD 3/2014 (6253 votos, 16.34%)

    Que algo hoy por hoy tan desconocido para la mayoría de la sociedad como es la Renta Básica saque más votos que la derogación de las reformas laborales (así como el contenido de las cinco resoluciones aprobadas) nos da pistas de la composición de clase de Podemos. La clase trabajadora no está participando mayoritariamente en este proceso, y lo que es peor, la brecha digital también opera en Podemos.

    He leído por ahí que hay gente que prefiere brecha digital a brecha activista, desconozco si César estaría de acuerdo en ese extremo, pero creo que cosas como Plaza Podemos y las votaciones digitales excluyen. Excluyen a la misma gente que va al INEM y deambula despistada porque no sabía que tenía que pedir cita previa por internet. La misma gente que tiene que hacer horas y horas en Tráfico por la misma razón. Y mil y un ejemplos más que hay de como el uso de internet está participando de la exclusión de amplios sectores de la sociedad.

    En Podemos no hay ni me temo que habrá mientras el grupo promotor lleve las riendas ningún leninista tosco, condescendiente y antipático como el compañero boliviano. La obsesión por lo mediático en Podemos parece, al menos de momento, algo absolutamente indisociable del proyecto, la pata más fundamental, por encima de cualquier coherencia ideológica o polítca. esas minucias en las que nos fijamos los izquierdistas, vaya.

    Creo que en el poquísimo tiempo de existencia de Podemos la sobreexposición a los medios es un trastorno político autoinmune específico de este proyecto. Tanto que condiciona todas las votaciones que se realizan, tanto de resoluciones como de las propuestas éticas, políticas y participativas.

    Todo esto lo digo con un pie dentro y un pie fuera de Podemos, todas mis inercias, prejuicios y taras me impiden implicarme más. He sido activamente partícipe de todas y cada una de las nefastas dinámicas denunciadas por César que hemos creado en el izquierdismo/activismo todo estos años. Pero todo ello no me impide alertar sobre los principales problemas de Podemos hoy en día: hiperliderazgo, obsesión/pulsión mediática, participación únicamente de las clases medias, estudiada ambigüedad en infinidad de temas con vistas a poder mantener la ficción (de clase media sociológica) de que se puede hacer política “ni de izquierdas ni de derechas” y, finalmente pero no por ello menos importante, miopía total ante la evidente brecha digital que existe.

    Los izquierdistas somos unos pelmazos aguafiestas, sí. Pero aquí estamos.

    Un abrazo grande,
    David.

  7. Vincere Aude. Atrévete a vencer.

    Me fascina el nosotros de Rendueles. Estamos hablando de militantes de izquierdas de toda la vida que están dispuestos a sacrificarlo todo por una victoria política futura que por el momento se concreta en la presencia de gente nueva a su alrededor. Lo maravilloso de que en Podemos no haya líneas rojas, que todo el mundo pueda proponer lo que le venga en gana, y que tampoco haya necesidad de consenso, esto es, que la mayoría se quede con todo, es que Rendueles puede decir que hay que aceptar la representación como principio organizativo, y yo que hay que aceptar el catolicismo como principio religioso, y si un 51% de la asamblea vota por nosotros, el nosotros de la ventana de oportunidad, la cosa va a misa. Detrás de todo esto descansa la esperanza de que la mayoría de los españoles sea otra cosa que una caricatura a pequeña escala de sus políticos, que el 51% de nosotros pensemos en la política de forma distinta a como piensa Frankie, como un lugar de trapicheo. Yo, por desgracia, no comparto ese optimismo antropológico y por eso estoy en última instancia de acuerdo con Rendueles: es necesario un liderazgo fuerte para que el líder pueda pasarse por el Arco de Belén la opinión del 51%, de los tres quintos y hasta del 99% si me apuras.

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  10. ¡Viva la deliberación popular y en común para decidir quién y cómo toma decisiones por nosotras, que democráticamente renunciamos a hacerlo!

  11. El simple hecho de tener dudas ,estar ,participar ,y poder decidir tras conocer discutir y proponer ,es en si democratizar . Las prioridades las impondrán los acontecimientos.. sin perder de vista que no puede haber futuro sin resolver lo que” nos mueve” en el presente .

  12. Ha pasado ya una semana desde lo de Vistalegre. Al terminar de leer este texto lo primero que he pensado es en lo muy valiente, honesta e inteligente que es la postura que toma aquí Cesar. Lo que encontré en el texto es una férrea (auto) critica a la figura del intelectual de “izquierdas” y un alegato a la autobservación de las derivas y derroteros del izquierdismo post-sesentayochista. Acunado en la sociedad de bienestar europea el intelectual de izquierdas, armado de un arsenal teórico inabarcable; reclamándose del pueblo y fiel a la pulsión emancipadora que habita en el corazón de todas las mujeres/hombres lista para espontáneamente subirse al próximo evento revolucionario; releyendo la historia de la revolución como la sucesión de momentos perdidos y grandes traiciones, ante la crisis actual una vez más ve la posibilidad de, desde el principio, poner en marcha su infalible sistema de engranajes de contrapoder que pueda anular toda relación de poder y garantizar la armonía y que el poder quede en el pueblo.
    Entonces viene Pablo Iglesias y se presenta con un grupo que se llama Podemos (no contra-poder o guerrilla anticapitalista; si no Podemos, nombre que pegaría totalmente para las nuevas zapatillas de CR7 o para la campaña electoral de un presidente negro en la casa blanca)..bueno, eso lo pasamos. Pero luego viene la traición letal, una vez más la historia se reproduce…les habla de ventana de posibilidades, de conquistar el poder, les habla de secretario general…
    Frente a esta lectura, solo vengo a recordar dos advertencias que dos tipos muy sencillos como Allende y Lenin vinieron a señalar en situaciones críticas: tener presente por un lado la advertencia de Allende al MIR en relación a los poderes facticos de su país: “tenemos el Gobierno pero no el poder”; y por otro la advertencia leninista en relación al pueblo, “ir un paso por delante de las masas, no un millón de pasos por delante”. Sé que ambas se han repetido hasta la extenuación estos últimos meses, pero es entre ambas, entre estos dos polos, entre la tensión entre la correlación de fuerzas que uno mantiene con el poder y la situación ‘material’ y de ‘consciencia’ de las masas, donde toma forma el escenario donde uno debe moverse. Es ahí donde se debe inscribir la propuesta del grupo promotor, que tiene la valentía de querer tomar el poder.
    Y un último punto, el comentario de marxcopyright, creo que se equivoca al apuntar que el perfil del votante de Vistalegre es clase media. Yo formo parte de un circulo en el extranjero y siguiendo también toda la polémica por internet antes de la semana de Vistalegre, se daba a entender una gran división del voto entre la propuesta del grupo promotor y el de Echenique. Pero el día de los resultados, curiosamente, el grupo de Echenique fue casi insignificante. Precisamente porque la gran multitud de la clase trabajadora, la que no puede participar regularmente en los círculos, voto. Y ahí se disolvió toda la ilusión de una fuerte disensión en Podemos. Aquí es donde este texto es valiente, en su apelar por la autocritica de la izquierda, y en ver en que han sido inteligentes Pablo Iglesias and Company..Para cambiar las cosas, hay que atreverse a ganar…en las condiciones dadas…si no es mejor escribir un libro, o hacerte militante por los derechos de una minoría. Uno se siente mas realizado y seguro que se duerme mejor, de eso no hay duda.

  13. >>necesito entender qué sectores económicos vamos a impulsar o eliminar y si eso es compatible con los ingresos fiscales que hacen falta para ampliar la sanidad, la educación o la ayuda a los dependientes. Quiero saber cómo vamos a convertir el acceso a la vivienda en un derecho universal sin perjudicar a millones de familias entrampadas en hipotecas. Cómo vamos a impulsar el cooperativismo y la participación de los trabajadores en la gestión en las empresas sin crear dinámicas clientelares. Cómo vamos a subvertir los modelos de movilidad en ciudades completamente ordenadas en torno al transporte privado. Y cómo vamos a conseguir que la gente supere el miedo y la aversión a la pérdida y apoye todos esos cambios.<<

    Cuando se parte de cambiar las cosas utilizando la legalidad existente, es decir, el conjunto de leyes que las élites han creado en su beneficio, la respuesta es imposible. Desde sus mecanismos burocráticos, desde su status quo, desde sus índices bursátiles no se puede cambiar nada. Cualquier cambio de los que citas llevaría una ruptura y un consiguiente acoso y derribo por parte de las élites y por lo tanto imposible de aguantar sin un contrapoder popular fuerte.

    ¿Estar en mandos políticos es necesario para impulsar cambios? Quizá, no lo sé. Lo que sí sé es que sin un contrapoder popular, sin que los perdedores del capitalismo estén politizados y apoyen esos cambios, nada va a suceder. La razón por la que el CUT lleva a cabo políticas socialistas en Marinaleda es porque tiene el apoyo firme de los perdedores del capitalismo, en otros ayuntamientos el CUT tiene alcaldes y no puede llevar a cabo esas políticas porque no tiene ese apoyo.

    • Me parece que ahí lo que Rendueles quería, más que aportar sugerencias sobre cómo resolver esas cuestiones, era denunciar cierta inflación teórica y retórica, acompañada de una sofisticación artificial, que se ha venido dando desde hace tiempo en el discurso los intelectuales de izquierdas. En el sentido de que, al final, toda esa retórica que tan de moda se ha puesto poco o nada tiene que ver con los problemas concretos presentes en la vida cotidiana de la gente, del tipo de los que ahí se enumeran y tú citas, y que en realidad son todos problemas políticos. Así que hay que hacer política. Yo me quedo con la frase con la que comienza el párrafo: “No quiero volver a hablar del panóptico o el biopoder, sino saber cómo nos las vamos a apañar para democratizar la policía, las prisiones y el ejército”.

      Por lo demás, estoy muy de acuerdo con lo que dices.

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