El precariado, otra vez

Cuenta Jon Elster que la teoría de la elección social –el estudio formal de los procedimiento de votación– ha llegado a ser tan complicada matemáticamente y tan irrelevante para el estudio de la política real que Econométrica, una de las revistas más importantes de economía, suspendió la publicación de artículos relacionados con este campo. El oscurantismo aritmomorfo no está limitado a esos casos extremos; es la norma de la economía ortodoxa y tiene efectos psicotrópicos que incapacitan para distinguir la realidad del delirio.

Hace unos años un miembro del colectivo artístico The Yes Men se hizo pasar por un delegado de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en un congreso de empresarios escandinavos. En su intervención presentó un traje high tech para ejecutivos: un maillot de lycra dorada equipado con un gadget en forma de pene erecto gigante con un monitor en la punta. Los asistentes se rieron, pero no tanto. Estaban habituados a las extravagancias de los economistas, respaldadas por teorías frondosas pero sin apenas relación con el mundo real. Un disfraz de pirado parece el atuendo idóneo para defender que el abaratamiento del despido reduce el desempleo.

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