La segunda vez como #fav: el neoidealismo digital

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Cuando explico en clase la crítica de Marx al idealismo alemán, me cuesta que los estudiantes entiendan por qué demonios alguien dedicó tanto tiempo y esfuerzo a refutar semejante marcianada. El secreto es que, por extraño que nos resulte, las tesis de Stirner, Bauer y compañía sobre el “espíritu absoluto” o el “único” eran la filosofía hegemónica en Alemania y afectaban mucho a los debates políticos del momento.

Del mismo modo, puedo imaginar la perplejidad de los intérpretes del siglo XXII cuando traten de entender por qué muchas personas inteligentes que vivían en la época en la que la humanidad alcanzó la mayor desigualdad material de su historia consideraron que la sociedad aumentada, la wikidemocracia y la inteligencia colectiva eran aspectos cruciales de la transformación política. Sigue leyendo

contra la igualdad de oportunidades

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Tal vez la transformación del espacio público más importante de las últimas décadas sea el progresivo desplazamiento de la lucha por la igualdad a un lugar periférico del debate político.

La izquierda institucional ha asumido con exaltación los ideales meritocráticos. Como si la meritocracia fuera una versión mejorada del igualitarismo, sin sus efectos limitadores sobre la libertad individual. Como si lo realmente importante sea que cada cual obtenga las recompensas que merece según sus capacidades, sus esfuerzos y sus logros. Sigue leyendo

la ilusión de los bienes comunes

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Hay una paradoja extraña en los movimientos ciberactivistas. Por un lado, sobreestiman las posibilidades de la tecnología. Por otro, cultivan el atavismo. Los gurús tecnológicos proponen analogías entre los DRM y los enclosures (los procesos históricos de expropiación de las tierras comunales en Inglaterra entre los siglos XVII y XIX). Ven similitudes entre la generosidad digital y el potlach (un sistema de festines tradicionales de los nativos de la costa noroeste norteamericana). Nos sugieren que entendamos Internet como un bazar (una institución secular de intercambio mercantil de origen persa). Sigue leyendo

por qué deberíamos hacer muchos más escraches

El único argumento digno de tal nombre que he escuchado en contra de los escraches es que exceden las formas de intervención política codificadas y, por tanto, son incontrolables. Según sus críticos, los escraches son inaceptables porque la democracia se basa en un conjunto de procedimientos formales y las interpelaciones personales están fuera de lugar. Al personalizar la política, la PAH estaría abriendo una vía potencialmente peligrosa. Como diría Dostoyevski si fuera medio idiota: si se rompen las reglas del juego democrático –lo que viene siendo escuchar a Mariano Rajoy hablar desde una tele de plasma– todo está permitido. La idea es, más o menos, que Ada Colau podría terminar paseándose por Madrid con la cabeza de Montoro clavada en una pica seguida por una turbamulta de desahuciados ataviados con uniformes paramilitares.

Se me ocurren dos respuestas a esta crítica. Sigue leyendo

cinco notas sobre el bipartidismo

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1. El bipartidismo es sólo un síntoma. El PPSOE es la marca blanca de la coalición de élites económicas y sociales que ha dominado la política española desde la Transición. Cuando le preguntaron a Margaret Thatcher cuál había sido su mayor logro político respondió: “Tony Blair”. No era ninguna bravata. Thatcher logró que el neolaborismo adoptara la mayor parte de su programa. En España eso nunca ha sido necesario. Felipe González asumió el programa neoliberal con un entusiasmo atlético. Sencillamente ahora se nota más porque la economía se ha hundido. La verdad es que las políticas económicas del PP y el PSOE han sido de una continuidad extrema y ese es el sentido de la alternancia entre ambas siglas. Sigue leyendo